Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 6 de agosto de 2017

Laudes para la fiesta de la transfiguración


Cada año el 6 de agosto se celebra la fiesta de la transfiguración del Señor. Cuando cae en domingo se sigue celebrando, porque las fiestas del Señor se convierten en solemnidad si caen en domingo.

Los años pasados he explicado el significado del episodio en la Biblia, he recogido un poema de Gerardo Diego, algunas oraciones de la liturgia bizantina del día, un vídeo sobre el santuario de la Transfiguración en el monte Tabor y fotografías del monte Tabor y de la basílica. En la del año pasado se puede enlazar a todas ellas. Para abrirla, basta con hacer un click aquí.

Hoy les propongo el rezo de laudes del día:

Himno

Transfigúrame, Señor, transfigúrame.

Quiero ser tu vidriera,
tu alta vidriera azul, morada y amarilla.
Quiero ser mi figura, sí, mi historia,
pero de ti en tu gloria traspasado.

Transfigúrame, Señor, transfigúrame.

Mas no a mí solo,
purifica también 
a todos los hijos de tu Padre
que te rezan conmigo o te rezaron,
o que acaso ni una madre tuvieron
que les guiara a balbucir el Padrenuestro.

Transfigúranos, Señor, transfigúranos.

Si acaso no te saben, o te dudan
o te blasfeman, límpiales el rostro
como a ti la Verónica;
descórreles las densas cataratas de sus ojos,
que te vean, Señor, como te veo.

Transfigúralos, Señor, transfigúralos.

Que todos puedan, en la misma nube
que a ti te envuelve, 
despojarse del mal y revestirse
de su figura vieja y en ti transfigurada.
Y a mí, con todos ellos, transfigúrame.

Transfigúranos, Señor, transfigúranos. 

Salmodia

Salmos del domingo de la primera semana del salterio.

Antífona 1: Hoy el rostro de nuestro Señor Jesucristo resplandeció en la montaña como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la nieve.

Antífona 2: Hoy el Señor se transfiguró y fue testimoniado por la voz del Padre; se aparecieron radiantes Moisés y Elías, y hablaban con Jesús de su muerte, que iba a consumar.

Antífona 3: La ley se dio por medio de Moisés, y la profecía por medio de Elías, los cuales fueron vistos hablando con el Señor, resplandecientes en la montaña.

Lectura breve (Ap 21,10.23)

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseño la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios. La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina, su lámpara es el Cordero.

Responsorio breve

V. Lo coronaste de gloria y dignidad, Señor. Aleluya, aleluya.
R. Lo coronaste de gloria y dignidad, Señor. Aleluya, aleluya.
V. Le diste el mando sobre todas las obras de tus manos.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Lo coronaste de gloria y dignidad, Señor. Aleluya, aleluya.

Benedictus

Antífona: Una voz, desde la nube, decía: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. Aleluya.

Preces

Dirijámonos confiados al Padre, que maravillosamente transfiguró a Jesucristo, nuestro Salvador, en la montaña, delante de sus discípulos, y digámosle: 
—Tu luz, Señor, nos haga ver la luz. 

Padre clementísimo, que transfiguraste a tu Hijo amado y te manifestaste a ti mismo en la nube luminosa, 
—haz que oigamos con fiel disposición la palabra de Cristo. 

Oh Dios, que nutriste de lo sabroso de tu casa a los discípulos elegidos y les diste a beber del torrente de tus delicias, 
—otórganos que encontremos en el cuerpo de Cristo el manantial de nuestra vida. 

Oh Dios, que hiciste que brillara la luz del seno de la tiniebla y has brillado en nuestros corazones para que contemplemos tu gloria, reflejada en Cristo Jesús, 
—fomenta en nosotros el espíritu de contemplación de tu Hijo amado. 

Oh Dios, que nos llamaste a una vida santa por tu gracia, que ahora se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, 
—saca a luz entre los hombres la vida inmortal, por medio del Evangelio. 

Padre amantísimo, que nos has tenido un amor tan grande que nos llamamos hijos de Dios, y lo somos verdaderamente, 
—concédenos que, cuando Cristo se manifieste, nos hagamos semejantes a él. 

Padre nuestro

Oración

Oh Dios, que en la gloriosa transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el predilecto, seamos un día coherederos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

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