Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 7 de febrero de 2014

La Teología Fundamental


La Teología Fundamental, como su nombre indica, trata de los fundamentos o cimientos de la Teología: ¿Qué es la Teología?, ¿cuáles son sus fuentes y su método?, ¿es posible un discurso humano sobre Dios? Nos ayuda a 
«dar razón de nuestra esperanza» (1Pe 3,15).

La Teología Fundamental sirve de introducción a los estudios teológicos y se centra en la Revelación de Dios operada en Cristo, en su transmisión y su credibilidad y en la respuesta del hombre por medio de la fe. Aborda los fundamentos de la fe y busca la legitimación razonable del hecho cristiano. Se elabora en diálogo con la Filosofía, la Ciencia y la Cultura.

A lo largo de los siglos, los hombres han buscado conocer y servir a Dios. Las religiones nacen del profundo deseo de Dios que arde en nuestros corazones («Nos hiciste, Señor, para ti; y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», dice san Agustín). 

La pretensión del Cristianismo es que Dios ha respondido a la búsqueda de los hombres y se ha revelado a ellos. Y esto no solo por medio de mensajeros e intermediarios sino que, al llegar la plenitud de los tiempos, el mismo Hijo de Dios nos ha hablado directamente, usando nuestro lenguaje, nuestras categorías, nuestras mediaciones; haciéndose verdaderamente uno de nosotros: «Muchas veces y de muchas maneras habló Dios a nuestros antepasados por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos finales nos ha hablado por medio de su Hijo» (Heb 1,1ss). 

Por eso la Iglesia afirma que solo Él revela plenamente el misterio íntimo de Dios: «A Dios nadie lo ha visto nunca, el Hijo único del Padre, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha contado» (Jn 1,18). La palabra usada es exegheomai; es decir, ha hecho la exégesis, lo ha interpretado, traducido, dado a conocer.

La Filosofía habla de Dios como de un ser omnipotente, inmutable, feliz en la contemplación de sus perfecciones, motor inmóvil, causa increada, principio sin principio... 

Las distintas religiones también hablan de Dios, de los dioses o de lo divino, como aquel ser o aquellos seres que gobiernan el universo, las estaciones, la vida sobre la tierra, que justifican o mantienen el orden establecido o que remedian las necesidades de los hombres. 

A lo largo de los siglos se han escrito páginas sublimes sobre Dios y sobre el culto que debemos ofrecerle y otras verdaderamente deplorables. Al fin y al cabo, son cosas que los hombres –normalmente con buena voluntad– han dicho o escrito sobre Dios. 

Pero no debemos olvidar que «a Dios nadie le ha visto nunca» (Jn 1,18) y que, por lo tanto, todos nuestros pensamientos sobre Él son meras suposiciones. San Juan de la Cruz explica que «así como nuestros ojos pueden ver los objetos iluminados por la luz, pero no pueden mirar directamente al sol, porque el exceso de luz los quemaría, así nuestro entendimiento puede comprender las obras de Dios, pero no a Dios mismo, porque supera nuestras capacidades». 

Por lo tanto, al estudiar la revelación no hablamos de lo que los hombres han dicho sobre Dios a lo largo de los siglos (por muy interesante que sea), sino de lo que Dios ha dicho sobre sí mismo, sobre el mundo y sobre nuestro origen y nuestro destino.

Dependiente de la Teología Fundamental se encuentra la Apologética, que es el esfuerzo por explicar la razonabilidad de la fe y de la revelación. En estos tiempos de tanta confusión, intenta desmontar los prejuicios contra la fe y exponer los verdaderos contenidos del cristianismo, defendiendo y justificando su veracidad.

Mañana, si Dios quiere, profundizamos en el tema de la revelación.

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